08 mayo, 2010

Ante la declaración de Laura, Guor se quedó mudo, incapaz de hallar las palabras que expresaran su gratitud. La promesa pronunciada lo insufló de una energía que lo hizo sentir invencible, y se dijo también que la confianza de su esposa se convertiría en su fuerza, y el amor que los unía, en el motor para cumplir el plan que había trazado; su compañerismo sería su refugio; su sonrisa sería su solaz; su cuerpo, una fuerte inagotable de placer; la inteligencia y valentía de su mujer, su orgullo. De pronto, le vino a la mente y recitó:

-''Bendito sea el día, y el mes, y el año, y la estación, y el tiempo, y la hora, y el punto, y el encantador pueblo, y el sitio en el cual tus hermosos ojos negros me encandenaron''

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