Su viejo puso un cuarto, con dos camas, fingiendo que la dama era una dama y su hijo un caballero. Ni siquiera, señores del jurado, padezco, como alega mi abogado, locura transitoria.
Disparé al corazón que yo quería, con premeditación, alevosía y más pena que gloria.
No hay comentarios:
Publicar un comentario